A veces un sonido chirría lo suficiente para submergirte en la incomodidad más profunda e inaudita. A veces una palabra es la combinación de sonidos más inadecuada que el ser humano jamás pudo inventar. A veces una frase es el peor remedio para tu alivio. A veces el sonido de las palabras, y el de las frases, te retuerce el estómago y lo aprieta, fuerte, para que no sientas más, o sientas peor, o te sientas mal. A veces te gustaría taparte los oídos y no dejar que nada ni nadie más se adentrara en ellos.
Te gustaría esconderte en tu burbuja insonora, protegido de cualquier mal acústico. Pero sabes que no puedes, y eso te retuerce el estómago y lo aprieta, fuerte, y no te deja sentir más.

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