domingo, 26 de diciembre de 2010

Mal acústico

A veces un sonido chirría lo suficiente para submergirte en la incomodidad más profunda e inaudita. A veces una palabra es la combinación de sonidos más inadecuada que el ser humano jamás pudo inventar. A veces una frase es el peor remedio para tu alivio. A veces el sonido de las palabras, y el de las frases, te retuerce el estómago y lo aprieta, fuerte, para que no sientas más, o sientas peor, o te sientas mal. A veces te gustaría taparte los oídos y no dejar que nada ni nadie más se adentrara en ellos. 

Te gustaría esconderte en tu burbuja insonora, protegido de cualquier mal acústico. Pero sabes que no puedes, y eso te retuerce el estómago y lo aprieta, fuerte, y no te deja sentir más. 

Lo conseguiste.


viernes, 24 de diciembre de 2010

La balanza

Tú siempre haces las cosas bien. Te gusta hacerlo todo bien te acostumbraron así, de hecho. Desde niño aprendiste que las cosas no se dejan a medias, ni se hacen mal, ni de mala gana. Se hacen bien, con ánimo, y se llega hasta el final, por lejos que parezca la meta y tortuoso el camino. De pequeño te dijeron que si hacías las cosas bien, la vida te respondería de la misma forma. Porque la vida te da lo que recibes. O eso te contaron.

Pero hoy tienes un problema. Hoy, sigues haciendo las cosas bien, pero la vida -los demás- no responden como tú esperabas. Y tú esperabas que reaccionaran bien, o al menos, dentro de lo que a ti te explicaron que estaba bien. Pero no es así. Hoy, te has dado cuenta de que la balanza no siempre se tuerce hacia el lado acertado. Hoy, has comprobado que la justicia es ciega, y has observado con amargura que las reacciones humanas no solo son previsibles en un sentido negativo, sino también irracionales. Has entendido que la vida -los demás- responden con frecuencia como tú desearías que no lo hicieran, porque no entiendes que alguien actúe como precisamente acaba de actuar. A ti te enseñaron a hacerlo bien, y sigues empeñado en ello. ¿Deberías abandonar quizás las viejas creencias?
No. La vida -los demás- no responden como a ti te gustaría. Y qué. Qué más da. Lo importante para ti es hacer las cosas bien, tienes la conciencia tranquila, ¿puede la vida -los demás- decir acaso lo mismo? Al fin y al cabo, quizás sea verdad que la vida te da lo que recibes. Lo piensas mejor y te das cuenta de que cuando la vida -los demás- te decepciona, siempre hay una excepción. Y eso es, precisamente, lo que te da la vida, y no los demás.



lunes, 20 de diciembre de 2010

Petite histoire somalienne (II): Les sis pans (Los seis panes)

Había una vez un hombre en una aldea que todos los días compraba seis panes. Un día, su amigo le preguntó el por qué de esa costumbre, y el hombre le respondió: "La razón por la que compro seis panes cada día es muy sencilla. Con el primero me alimento, el segundo lo tiro, el tercer y el cuarto los devuelvo y el quinto y el sexto los presto".

El amigo le miró con perplejidad y le dijo: "Lo siento, pero si no te explicas mejor, no lo entiendo". Y el hombre le contestó: "Es muy sencillo. El primero es para mí, para que pueda alimentarme cada día. El segundo se lo doy a mi suegra, que es como tirarlo. El tercero y el cuarto se los devuelvo a mis padres, por todos los alimentos que me dieron cuando yo era un niño. Y el quinto y el sexto se los presto a mis hijos, para que puedan comer hoy y me los devuelvan el día de mañana."

viernes, 17 de diciembre de 2010

Petite histoire somalienne: La hyène

Un día, la hiena decidió reunir a los demás animales salvajes de la sabana, y cuando ya todos estaban allí, les dijo: 
- Queridos animales de la sabana, os he reunido porque todos me llamáis "hiena". Sin embargo, yo soy un ser bueno y afable, no quiero seguir llevando ese despectivo nombre. A partir de ahora, quiero que me llaméis "Amine", que significa "ser de confianza".

Los animales salvajes reflexionaron un momento y contestaron:
- De acuerdo, muy bien. Pero como prueba de confianza, te dejaremos esta cabrita en tu cueva para que la guardes. Mañana a esta hora volveremos a recogerla. Así sabremos que eres un ser de confianza.

La hiena asintió sin pensarlo y los animales salvajes volvieron cada uno a su casa. Pasó el día y al llegar la noche, la hiena tenía mucha hambre, le sonaba el estómago, pues no había probado bocado durante todo el día. Ya casi desesperada, se abalanzó sobre la cabrita y la devoró hasta los huesos. 

Al día siguiente, los animales de la sabana se acercaron a la cueva de la hiena y gritaron:
-¡Anime, Anime! ¿Dónde estás?

- Dad este nombre a quien realmente se lo merezca...

Y la hiena se perdió entre los arbustos, triste y cabizbaja.