sábado, 20 de noviembre de 2010

Hoy, no existo ya para ti. Hoy, tan solo me queda el recuerdo. Momentos que fueron y ya no son, es todo lo que me queda. Hoy está vacío, en blanco, ni siquiera se escribe solo. Hoy es pesado, se mueve con dificultad, se arrastra bajo las nubes de algodón. No sabe hacia adónde irá. El hoy es indeciso, inseguro, cambia a cada segundo, a cada movimiento, a cada nota. Dame un fuerzas para seguir girando.

Desearía olvidar el ayer, pero no puedo. Desearía borrar el ayer, cambiarlo, empezar de nuevo, pero no puedo. El ayer es perverso. Viene y se va, sin decir nada, sin poder agarrarle la mano y llevarlo por un nuevo sendero. Ni siquiera deja decirle adiós. Se va y nos deja solos ante la incertidumbre. El ayer es seguro y frugal, pero permanece para hoy y para mañana.

Mañana quizás no recuerdes ya mi nombre. Mañana alzarás el vuelo con tus plumas de oro y miel. Mañana será un adiós, quizás te darás la vuelta para reternerme un último instante. Quizás no. No te gusta mirar atrás, al ayer. Hoy, y mañana, seré tu ayer. Y no querrás mirarme, ni tan solo acordarte. Se cerró la cajita. La bailarina ya no se mueve al son de la música y todo lo que pudo ser, ya no es, ni fue, ni será. La bailarina ya no baila, y con ella se apaga el mañana.