Ayer leí con estupefacción en el periódico algunas de las declaraciones del señor Thilo Sarrazin, miembro del Consejo del Banco Nacional de Alemania. El señor Sarrazin ha publicado recientemente un libro sobre el futuro (?) de su querido país. En una estrategia de comercialización y de márketing puro del libro, dicho autor hizo unas declaraciones contundentes sobre la realidad (?) de su querido país. Véanse algunos ejemplos:
"No quiero que el país de mis nietos y bisnietos sea un país mayoritariamente musulmán, en el que se hable árabe y turco predominantemente, en el que las mujeres lleven el pañuelo islámico y en el que la vida cotidiana esté marcada por el llamado del muecín"
Pensamientos y opiniones aparte, a mí lo que más me sorprende es que sea precisamente este señor que se apellida Sarrazin. No hay que saber mucho alemán para ver que se trata de la adaptación germana del término "sarraceno", considerado como sinónimo de "mahometano", es decir, "que profesa la religión islámica" por la Real Academia. Está claro que el peor enemigo está en casa.
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