Hoy he tenido una revelación lingüística y me permito el lujo de presentarla. En realidad, son tres las revelaciones de hoy, estoy que me salgo:
- La palabra "pordiosero" se puede separar fácilmente en tres: por / dios / ero. El sufijo "-ero" tiene cinco significados atribuidos por la Academia, de los cuales desecho los cuatro últimos y me quedo con el primero: 1) para indicar profesión o cargo, como panadero, librero, almacenero. Dado que las dos primeras partes del vocablo quedan más que claras, si añadimos la descripción de la RAE de dicha palabra (el que pide limosna), llego a la modesta conclusión de que "pordiosero" es el que, por oficio, pide por Dios. Claro está que todos los oficios son respetables.
- Mi segunda revelación del día se centra en el vocablo "verosímil". Antes de presentar cualquier reflexión filológica, me gustaría decir que yo siempre he asociado esta palabra a los símios, ya sea por su semejanza fonética, ya sea porque cuando llegué a esta conclusión era pequeña y me parecía lógico. Pues bien, hoy me he dado cuenta de que se alude a la figura retórica del "símil" y que "vero" proviene del latín y significa "verdad" o "verdadero" (no sé latín, pero no es difícil llegar a esta conclusión).
- Acabo con "visceral". La RAE lo atribuye a lo relacionado con las vísceras, pero también a reacciones emocionales muy intensas. ¿Quién no ha padecido nunca un nudo en la boca del esófago ante una situación tensa o complicada? Pues eso, que sentimos con las vísceras.
Tengo que decir que la etimología de las palabras no me la he inventado, sino que la he sacado de la web www.elcastellano.org. Y mientras buscaba una palabra, me ha aparecido la etimología de "maniquí", que hasta ahora no formaba parte de mis revelaciones lingüísticas, pero me he planteado su procedencia, y al no llegar a ninguna explicación plausible, me he leído la entrada etimológica y resulta que los maniquíes vienen de Holanda, ya que ellos denominaban "manneken" (hombrecitos) a las figuras de madera que servían de modelos a artistas y modistos, hasta que el propietario de la cadena Worth los introdujo en sus comercios y adaptó su nombre lo mejor posible. ¿Y esto para qué sirve? Pues no lo sé, pero nunca está de más saber que los holandeses tampoco se lo curran mucho a la hora de poner nombres a conceptos nuevos.
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