domingo, 12 de septiembre de 2010

El salto de la vida

Leo con estupefacción en el periódico que un joven de 25 años ha muerto en Ibiza después de "caerse" del balcón de su habitación de hotel situada, nada más ni nada menos, que en un séptimo piso. No es el primer caso en lo que va de año y, al parecer, el fenómeno no es nuevo e incluso ha sido bautizado como "balconing". 

Como ya he leído otros artículos sobre el mismo tema, me permito el lujo de hacer una descripción básica del perfil del saltador: el saltador es, normalmente, varón, extranjero, mayoritariamente británico o teutón, de vacaciones en las Baleares, entre los 20 y 40 años, borracho perdido o drogado y más chulo que un ocho. Me horrorizo al ver que hay vídeos colgados en Youtube de individuos que se dedican a esta tan singular práctica y que se vanaglorian de sus hazañas colgándolo en la red. Así pues, confirmo que el saltador es más chulo que un ocho, porque pá chulo yo y lo cuelgo para que todo el mundo lo constate.

El saltador realiza su pirueta desde el balcón de una habitación de hotel, independientemente de la altura del edificio, y con finalidad dudosa. Algunos proclaman que es para colarse en la habitación de las chicas. Otros añaden que es para darse un baño en la piscina después de una larga noche de fiesta loca y descontrolada isleña. Ante tales declaraciones, me hago algunas preguntas que cualquier ser humano en sus cabales debería poder planterse:
  • ¿Qué es eso de darse un baño en la piscina después de salir de fiesta? Las piscinas de los hoteles tienen un horario y a las siete de la mañana suelen estar cerradas. Seguro que si un huésped del hotel (un poco normal, es decir, de los que no necesitan saltar desde un balcón para sentirse machos) se ahoga por bañarse fuera de horario, la familia y las autoridades reclamarán la cantidad pertinente al hotel por no tener un sistema de acceso a la piscina lo suficientemente protegido. ¿Tendrán que cubrir las piscinas de los hoteles para que ciertos individuos no se arrojen y se abran el cráneo? Si alguien necesita refrescarse después de una noche de locura, que se dé una ducha. 
  • ¿Y lo de colarse en la habitación de las chicas? ¿Acaso vienen estos extranjeros de colonias,con monitores incluidos que les castigan de cara a la pared si se escapan de su cuarto por la noche? Que llamen a la puerta, y si las chicas -sensatas- no abren o les dan largas, que se sirvan de las manos.
  • Los saltadores siempre son varones. A ninguna mujer se le pasa por la cabeza hacer semejante sandez (no es un ataque feminista, por suerte a muchos hombres tampoco se les ocurre).
  •  Los saltadores son extranjeros y proceden del norte de Europa. Tanto quejarse de que si los países del sur de Europa somos los culpables de la crisis y de que tienen que pagar pos nuestros propios errores y, en cambio, no pueden vivir sin su semana de locura y desenfreno en un país sureño. ¿Por qué no saltan desde los balcones de sus ciudades? Parece que aquí todo vale, aunque en realidad deberíamos plantearnos nosotros si éste es realmente el tipo de turismo que nos merecemos. Por suerte, una vez más, los descerebrados que ocupan titulares en la prensa por su ilógico comportamiento son una minoría.
  • ¿Realmente es necesario dar un nombre a este fenómeno tan absurdo? ¿Alguien se ha parado a pensarlo? ¿Lo de "balconing" es para hacerlo más internacional o para remarcar que los impulsores son de habla inglesa? 
No consigo entender qué significado puede tener semejante salto. No capto qué pretende lograr el saltador, aparte de enriquecer su orgullo de macho. Pensaba que el concepto de "macho" era nuestro. Pero resulta que los españoles no necesitan demostrarlo. Lo siento, pero estos chicos no merecen  nuestras condolencias ni homenajes, ni mucho menos nuestra admiración. El primero que saltó arrastró a los demás. Cada salto conlleva otro. Cada salto difumina al extremo la pequeña línea que separa la vida y la muerte. Cada salto empobrece al hombre y a su sentido común y lo hace todo más absurdo.

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