Holly sube a su piso por las escaleras, a buen ritmo, con el sobre verde bien protegido y meticulosamente metido en el interior del bolso para evitar que se arrugue. No le gustaría llevar la carta en la mano y encontrarse con el destinatario en el camino, aunque ésta es una probabilidad más bien improbable, pues el destinatario, tal y como sospecha Holly, no se encuentra en el edificio, sino no habría encontrado el sobre en el buzón del cartero, reservado para correspondencia extraviada.
Entra rápidamente en el piso, saca la carta del bolso, deja el resto de sus pertenencias donde primero caen. y se acomoda en el sofá de la salita-comedor. Está impaciente por leer esa historia entre dos desconocidos, Mme Lenaurd y un tal Pablo, una historia de amor apasionada es la historia más plausible que se le ocurre. Sosteniendo el sobre entre las dos manos, Holly reflexiona por primera vez sobre si realmente ha sido una buena idea apropiarse de ese sobre ajeno. ¿Y si el destinatario la reclama al cartero y éste no es capaz de encontrarla? ¿Y si las palabras de Mme Lenaurd son de importancia vital, hasta el punto de poder cambiar la vida de Pablo, y éste nunca llega a enterarse? ¿Le gustaría a Holly que un desconocido se apropiara de sus intimidades con otra persona? Es más, ¿lo toleraría? Probablemente no. De hecho, no le gustaría nada. Pero por otra parte, quizás Holly sea la única que puede hacer que la carta llegue a su destino. Cómo aún no lo sabe, pero si lo piensa bien, con las tecnologías actuales a nuestro alcance resulta dificil mantener el anonimato. Seguro que Pablo aparece en alguna parte del mundo virtual. Además, tiene mucha curiosidad por conocer el interior de la carta y en pleno punto curioso se le ocurre que si la abre y después busca al destinatario, no se la puede entregar ya leída. Sin embargo, recibirla, aunque sea sospechosamente mal cerrada, es mejor que norecibirla... Pensará en ello más tarde.
Con la ayuda de sus uñas bien cuidadas, Holly intenta abrir el sobre sin hacer grandes estopicios, levantando lentamente la pestaña verde sellada. No es fácil, pero lo consigue. Está emocionada, quiere saber qué hay dentro del sobre lo antes posible, la curiosidad alcanza hasta el último pedazo de carne de Holly. Con dedos temblorosos, saca el contenido del sobre.
Gran sorpresa la suya al ver que el interior del sobre está prácticamente vacío. No hay largas hojas escritas a mano en noches de desespero, como esperaba Holly, ni papel de color y perfumado con una felicitación, o una invitación a algún acontecimiento, opción que Holly habría aceptado con un poco de resignación. No hay siquiera una triste nota con un mensaje breve, ni un post-it con dos palabras. Hay una fotografía de tamaño estándar que cabe de sobras en el ancho del sobre y justo en el alto del mismo. Solamente eso, una fotografía que muestra a una niña en bañador sentada sobre la arena de la playa, jugando a hacer castillos o cualquier otra construcción abstacta. La niña lleva un gorrito que la protege del sol y mira sonriente a la cámara. Holly calcula que tendrá unos cuatro años, pero no puede adivinar por el paisaje dónde se tomó, aproximadamente, la fotografía, pues a parte de la niña, solo se ven arena mojada y el agua del mar . No hay nada escrito detrás de la fotografía, ni una pista. Holly está un poco confusa. ¿Qué significa esto? Una carta sin texto, una fotografía sin fecha, una niña sin nombre en un lugar desconocido. Se acerca el sobre para olerlo mejor. Huele bien, huele a rosa con un poco de verde. Cualquier explicación lógica se escapa de la mente de Holly.
Con la ayuda de sus uñas bien cuidadas, Holly intenta abrir el sobre sin hacer grandes estopicios, levantando lentamente la pestaña verde sellada. No es fácil, pero lo consigue. Está emocionada, quiere saber qué hay dentro del sobre lo antes posible, la curiosidad alcanza hasta el último pedazo de carne de Holly. Con dedos temblorosos, saca el contenido del sobre.
Gran sorpresa la suya al ver que el interior del sobre está prácticamente vacío. No hay largas hojas escritas a mano en noches de desespero, como esperaba Holly, ni papel de color y perfumado con una felicitación, o una invitación a algún acontecimiento, opción que Holly habría aceptado con un poco de resignación. No hay siquiera una triste nota con un mensaje breve, ni un post-it con dos palabras. Hay una fotografía de tamaño estándar que cabe de sobras en el ancho del sobre y justo en el alto del mismo. Solamente eso, una fotografía que muestra a una niña en bañador sentada sobre la arena de la playa, jugando a hacer castillos o cualquier otra construcción abstacta. La niña lleva un gorrito que la protege del sol y mira sonriente a la cámara. Holly calcula que tendrá unos cuatro años, pero no puede adivinar por el paisaje dónde se tomó, aproximadamente, la fotografía, pues a parte de la niña, solo se ven arena mojada y el agua del mar . No hay nada escrito detrás de la fotografía, ni una pista. Holly está un poco confusa. ¿Qué significa esto? Una carta sin texto, una fotografía sin fecha, una niña sin nombre en un lugar desconocido. Se acerca el sobre para olerlo mejor. Huele bien, huele a rosa con un poco de verde. Cualquier explicación lógica se escapa de la mente de Holly.
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