viernes, 17 de septiembre de 2010

Chaos

Hoy siento que no entiendo el mundo, o que el mundo no me entiende a mí. Entiendo que todo es complejo y hoy también siento que ese todo me es ajeno. Sin embargo, soy parte del todo que me ha dotado de ésta compleja naturaleza y no puedo deshacerme de él. No entiendo la complejidad del mundo cuando todo puede simplificarse y ése es el mundo al que pertenezco, el todo que me ha hecho compleja y que no deja entenderme. ¿Tendré el empeño para entender el todo que es el mundo, o hará él mismo un esfuerzo para entender mi compleja naturaleza?

 Hoy siento que sólo tú me comprendes.

martes, 14 de septiembre de 2010

El olor de una carta II

Holly sube a su piso por las escaleras, a buen ritmo, con el sobre verde bien protegido y meticulosamente metido en el interior del bolso para evitar que se arrugue. No le gustaría llevar la carta en la mano y encontrarse con el destinatario en el camino, aunque ésta es una probabilidad más bien improbable, pues el destinatario, tal y como sospecha Holly, no se encuentra en el edificio, sino no habría encontrado el sobre en el buzón del cartero, reservado para correspondencia extraviada.

Entra rápidamente en el piso, saca la carta del bolso, deja el resto de sus pertenencias donde primero caen. y se acomoda en el sofá de la salita-comedor. Está impaciente por leer esa historia entre dos desconocidos, Mme Lenaurd y un tal Pablo, una historia de amor apasionada es la historia más plausible que se le ocurre. Sosteniendo el sobre entre las dos manos, Holly reflexiona por primera vez sobre si realmente ha sido una buena idea apropiarse de ese sobre ajeno. ¿Y si el destinatario la reclama al cartero y éste no es capaz de encontrarla? ¿Y si las palabras de Mme Lenaurd son de importancia vital, hasta el punto de poder cambiar la vida de Pablo, y éste nunca llega a enterarse? ¿Le gustaría a Holly que un desconocido se apropiara de sus intimidades con otra persona? Es más, ¿lo toleraría? Probablemente no. De hecho, no le gustaría nada. Pero por otra parte, quizás Holly sea la única que puede hacer que la carta llegue a su destino. Cómo aún no lo sabe, pero si lo piensa bien, con las tecnologías actuales a nuestro alcance resulta dificil mantener el anonimato. Seguro que Pablo aparece en alguna parte del mundo virtual. Además, tiene mucha curiosidad por conocer el interior de la carta y en pleno punto curioso se le ocurre que si la abre y después busca al destinatario, no se la puede entregar ya leída. Sin embargo, recibirla, aunque sea sospechosamente mal cerrada, es mejor que norecibirla... Pensará en ello más tarde.


Con la ayuda de sus uñas bien cuidadas, Holly intenta abrir el sobre sin hacer grandes estopicios, levantando lentamente la pestaña verde sellada. No es fácil, pero lo consigue. Está emocionada, quiere saber qué hay dentro del sobre lo antes posible, la curiosidad alcanza hasta el último pedazo de carne de Holly. Con dedos temblorosos, saca el contenido del sobre.

Gran sorpresa la suya al ver que el interior del sobre está prácticamente vacío. No hay largas hojas escritas a mano en noches de desespero, como esperaba Holly, ni papel de color y perfumado con una felicitación, o una invitación a algún acontecimiento, opción que Holly habría aceptado con un poco de resignación. No hay siquiera una triste nota con un mensaje breve, ni un post-it con dos palabras. Hay una fotografía de tamaño estándar que cabe de sobras en el ancho del sobre y justo en el alto del mismo. Solamente eso, una fotografía que muestra a una niña en bañador sentada sobre la arena de la playa, jugando a hacer castillos o cualquier otra construcción abstacta. La niña lleva un gorrito que la protege del sol y mira sonriente a la cámara. Holly calcula que tendrá unos cuatro años, pero no puede adivinar por el paisaje dónde se tomó, aproximadamente, la fotografía, pues a parte de la niña, solo se ven arena mojada y el agua del mar . No hay nada escrito detrás de la fotografía, ni una pista. Holly está un poco confusa. ¿Qué significa esto? Una carta sin texto, una fotografía sin fecha, una niña sin nombre en un lugar desconocido. Se acerca el sobre para olerlo mejor. Huele bien, huele a rosa con un poco de verde. Cualquier explicación lógica se escapa de la mente de Holly.


domingo, 12 de septiembre de 2010

El salto de la vida

Leo con estupefacción en el periódico que un joven de 25 años ha muerto en Ibiza después de "caerse" del balcón de su habitación de hotel situada, nada más ni nada menos, que en un séptimo piso. No es el primer caso en lo que va de año y, al parecer, el fenómeno no es nuevo e incluso ha sido bautizado como "balconing". 

Como ya he leído otros artículos sobre el mismo tema, me permito el lujo de hacer una descripción básica del perfil del saltador: el saltador es, normalmente, varón, extranjero, mayoritariamente británico o teutón, de vacaciones en las Baleares, entre los 20 y 40 años, borracho perdido o drogado y más chulo que un ocho. Me horrorizo al ver que hay vídeos colgados en Youtube de individuos que se dedican a esta tan singular práctica y que se vanaglorian de sus hazañas colgándolo en la red. Así pues, confirmo que el saltador es más chulo que un ocho, porque pá chulo yo y lo cuelgo para que todo el mundo lo constate.

El saltador realiza su pirueta desde el balcón de una habitación de hotel, independientemente de la altura del edificio, y con finalidad dudosa. Algunos proclaman que es para colarse en la habitación de las chicas. Otros añaden que es para darse un baño en la piscina después de una larga noche de fiesta loca y descontrolada isleña. Ante tales declaraciones, me hago algunas preguntas que cualquier ser humano en sus cabales debería poder planterse:
  • ¿Qué es eso de darse un baño en la piscina después de salir de fiesta? Las piscinas de los hoteles tienen un horario y a las siete de la mañana suelen estar cerradas. Seguro que si un huésped del hotel (un poco normal, es decir, de los que no necesitan saltar desde un balcón para sentirse machos) se ahoga por bañarse fuera de horario, la familia y las autoridades reclamarán la cantidad pertinente al hotel por no tener un sistema de acceso a la piscina lo suficientemente protegido. ¿Tendrán que cubrir las piscinas de los hoteles para que ciertos individuos no se arrojen y se abran el cráneo? Si alguien necesita refrescarse después de una noche de locura, que se dé una ducha. 
  • ¿Y lo de colarse en la habitación de las chicas? ¿Acaso vienen estos extranjeros de colonias,con monitores incluidos que les castigan de cara a la pared si se escapan de su cuarto por la noche? Que llamen a la puerta, y si las chicas -sensatas- no abren o les dan largas, que se sirvan de las manos.
  • Los saltadores siempre son varones. A ninguna mujer se le pasa por la cabeza hacer semejante sandez (no es un ataque feminista, por suerte a muchos hombres tampoco se les ocurre).
  •  Los saltadores son extranjeros y proceden del norte de Europa. Tanto quejarse de que si los países del sur de Europa somos los culpables de la crisis y de que tienen que pagar pos nuestros propios errores y, en cambio, no pueden vivir sin su semana de locura y desenfreno en un país sureño. ¿Por qué no saltan desde los balcones de sus ciudades? Parece que aquí todo vale, aunque en realidad deberíamos plantearnos nosotros si éste es realmente el tipo de turismo que nos merecemos. Por suerte, una vez más, los descerebrados que ocupan titulares en la prensa por su ilógico comportamiento son una minoría.
  • ¿Realmente es necesario dar un nombre a este fenómeno tan absurdo? ¿Alguien se ha parado a pensarlo? ¿Lo de "balconing" es para hacerlo más internacional o para remarcar que los impulsores son de habla inglesa? 
No consigo entender qué significado puede tener semejante salto. No capto qué pretende lograr el saltador, aparte de enriquecer su orgullo de macho. Pensaba que el concepto de "macho" era nuestro. Pero resulta que los españoles no necesitan demostrarlo. Lo siento, pero estos chicos no merecen  nuestras condolencias ni homenajes, ni mucho menos nuestra admiración. El primero que saltó arrastró a los demás. Cada salto conlleva otro. Cada salto difumina al extremo la pequeña línea que separa la vida y la muerte. Cada salto empobrece al hombre y a su sentido común y lo hace todo más absurdo.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Operando

Hoy, sigo sin línea telefónica por sexto día consecutivo. He decidido que voy a pasar el tiempo que podría estar hablando por teléfono recorndando algunas de las útiles respuestas que he obtenido por parte de los operadores a lo largo de mis llamadas:
  • Operador 1: seguramente sea problema del móvil que no coge bien la cobertura. Apágalo y vuelve a encenderlo. Bien, lo hago y el resultado es cero. El operador añade que debo seleccionar la red manual en el apartado de ajustes y de las redes disponibles, elegir Yoigo. No me aparece Yoigo por ninguna parte.
  • Operadora 2: selecciona la red de forma manual en el apartado de ajustes de tu teléfono. De entre las redes disponibles, selecciona Yoigo. Perdona, pero no me aparece Yoigo. Ah vale, entonces coge la de Movistar (?). Lo hago y tras media hora indicando que está "registrándose", me denega el acceso. La chica me indica que pondrá una incidencia en mi línea para que los técnicos la resuelvan cuanto antes.
  • Operadora 3: haz una "prueba cruzada". Suena algo dificilísimo, pero se resume a cambiar la targeta a otro móvil para ver si funciona. Lo pruebo en otros dos teléfonos y sigue sin funcionar. 
  • Operadora 4: si no es problema del móvil, será problema de la tarjeta. Ve a una tienda Yoigo y haz un duplicado de tarjeta. Voy y lo hago, la chica de la tienda sabe tanto del funcionamiento de los móviles como yo, es decir, nada. Pago seis euros y pruebo la nueva tarjeta. Nada. Hago la "prueba cruzada" con el duplicado. Nada.
  • Operador 5: es culpa de la tarjeta o del móvil. No, se equivoca, está más que demostrado que es problema de la línea. En ese caso, le pondremos una incidencia en su línea para que los técnicos la resuelvan cuanto antes.
  • Operadora 6: sí, es un problema que afecta a bastantes móviles. Se han caído algunos postes de cobertura, aunque el problema ya está solucionándose en algunas Comunidades Autónomas. ¿Perdona? ¿Por qué entonces la persona a mi lado, de la misma compañía telefónica, tiene cobertura?
  • Operadora 7: le pondré una incidencia en su línea para que los técnicos la resuelvan cuanto antes. Le digo que eso ya lo han hecho dos de sus compañeros. Me dice que no, que nadie ha puesto ninguna incidencia y que esta es la primera. Incluso me da el número de referencia. O sea, que los operadores se han reído en mi cara. 
  • Operador 8: apaga el móvil, saca la batería y la tarjeta. Lo hago, y de mientras, me pone la música de espera durante unos dos minutos. Me dice que es problema del teléfono. Cuelgo.
  • Operador 9: la línea está perfectamente, el problema es suyo, ya sea del móvil, ya sea de la tarjeta. Le explico otra vez todo el rollo e incido en que está más que demostrado que el problema es de la línea y no mío. Me responde que el problema es mío por no saber cómo funciona el móvil. Cuelgo.
  • Operador 10: tiene usted razón, la culpa es de la compañía. Se lo arreglaremos cuanto antes. Al menos alguien honesto. Aunque sigo sin línea.

viernes, 10 de septiembre de 2010

¿Yoigo? ¡Yo no oigo ná!

Hace tres meses escribí mis aventuras (o desdichas, para ser más exactos) con la que por aquel entonces era mi compañía de teléfono. Dado el mal servicio y las tarifas abusivas, decidí cambiarme a Yoigo, una compañía que se define a sí misma como jovial e informal, y que dice la verdad sin tapujos. Pues bien, a día de hoy, mis desdichas con el móvil se perpetúan. No sólo son informales, sino que mienten sin tapujos.

El servicio había funcionado sin problemas hasta que un glorioso día, hará cosa de semana y media, me di cuenta de que los mensajes que enviaba a otro teléfono, curiosamente también de Yoigo, no llegaban. A mí me aparecían como enviados y se me descontaba el impuerto correspondiente de mi saldo. Sin embargo, los mensajes se perdían en la red, pues su destinatario no recibió nada. Llamé para solucionar el problema y me lo arreglaron al cabo de dos días. Dos días de este incidente, me ocurrió lo mismo. Llamé de nuevo y me prometieron que lo arreglarían definitivamente. Pues bien, al día siguiente, me encontré sin línea telefónica. No podía ni llamar, ni recibir llamadas, por no hablar de los mensajes. Solamente se me permitían las llamadas de emergencia.

Me puso de nuevo en contacto con Yoigo. Me hicieron seleccionar la red manual desde mi teléfono, no funcionó. Me hicieron hacer la llamada "prueba cruzada", que consiste en cambiar la tarjeta de móvil y probar suerte desde allí. Tampoco funcionó. Me mandaron a una tienda a hacer un duplicado de tarjeta, con un coste de 6 euros que a, pesar de tratarse de una incidencia de la compañía, tuve que abonar de mi bolsillo. También en vano. Probé las dos tarjetas en tres teléfonos diferentes y el resultado fue igual de desastroso en todos. 

Han pasado cinco días desde entonces. Cada día he llamado un mínimo de una vez para que alguien me diga cuál es el problema y cuándo se va a solucionar. Los operadores escurren el bulto uno tras otro. Una me dice que se han caído postes de cobertura y que el problema se está solucionando. Otro me dice que me llamarán en 72 horas (promesa que me han hecho en cada llamada y aún espero que alguien me llame, a otro teléfono, claro está, pues llamar al mío es inútil). Finalmente, una operadora, tres días después de llamadas insistentes, me dice que me pondrá una incidencia y que la pasará al servicio técnico. Yo le respondo que esto ya la incidencia ya la han puesto  dos compañeros suyos. Me responde que en mi historial no figura ninguna incidencia procesada. Pues eso sí es una grata sorpresa: resulta que dos operadores me han mentido descaradamente en mi cara. Junto con la incidencia, le pido que me ponga una reclamación. La chica, la primera persona competente con la que hablo de esta compañía, lo hace amablemente.

Hoy he vuelto a llamar porque soy pesada. En realidad, he llamado porque me jode tener una línea que no funciona y porque estoy al borde de la desesperación. El operador me ha dicho que el problema es mío porque la línea está perfectamente, y que será cosa del móvil o de la tarjeta. Me desespero más. Vuelvo a llamar y esta vez me lo coge la segunda persona competente de la compañía. Le pido hablar con el encargado y me lo pasa. Éste, amablemente, admite que el problema es de ellos y que tienen que solucionarlo sí o sí, y que dará celeridad al proceso. 

Sigo incomunicada. Me pregunto cuántos días tendré que esperar para que alguien me haga caso. De mientras, a lo mejor aprendo el lenguaje de las señales de humo. Visto lo visto, seguro que me resulta más económico, más rápido y, por supuesto, más eficaz que cualquier compañía.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Palabrotas (o palabras rotas)

Hoy he tenido una revelación lingüística y me permito el lujo de presentarla. En realidad, son tres las revelaciones de hoy, estoy que me salgo:

  • La palabra "pordiosero" se puede separar fácilmente en tres: por / dios / ero. El sufijo "-ero" tiene cinco significados atribuidos por la Academia, de los cuales desecho los cuatro últimos y me quedo con el primero: 1) para indicar profesión o cargo, como panadero, librero, almacenero. Dado que las dos primeras partes del vocablo quedan más que claras, si añadimos la descripción de la RAE de dicha palabra (el que pide limosna), llego a la modesta conclusión de que "pordiosero" es el que, por oficio, pide por Dios. Claro está que todos los oficios son respetables.
  • Mi segunda revelación del día se centra en el vocablo "verosímil". Antes de presentar cualquier reflexión filológica, me gustaría decir que yo siempre he asociado esta palabra a los símios, ya sea por su semejanza fonética, ya sea porque cuando llegué a esta conclusión era pequeña y me parecía lógico. Pues bien, hoy me he dado cuenta de que se alude a la figura retórica del "símil" y que "vero" proviene del latín y significa "verdad" o "verdadero" (no sé latín, pero no es difícil llegar a esta conclusión). 
  • Acabo con "visceral".  La RAE lo atribuye a lo relacionado con las vísceras, pero también a reacciones emocionales muy intensas. ¿Quién no ha padecido nunca un nudo en la boca del esófago ante una situación tensa o complicada? Pues eso, que sentimos con las vísceras.
Tengo que decir que la etimología de las palabras no me la he inventado, sino que la he sacado de la web www.elcastellano.org. Y mientras buscaba una palabra, me ha aparecido la etimología de "maniquí", que hasta ahora no formaba parte de mis revelaciones lingüísticas, pero me he planteado su procedencia, y al no llegar a ninguna explicación plausible, me he leído la entrada etimológica y resulta que los maniquíes vienen de Holanda, ya que ellos denominaban "manneken" (hombrecitos) a las figuras de madera que servían de modelos a artistas y modistos, hasta que el propietario de la cadena Worth los introdujo en sus comercios y adaptó su nombre lo mejor posible. ¿Y esto para qué sirve? Pues no lo sé, pero nunca está de más saber que los holandeses tampoco se lo curran mucho a la hora de poner nombres a conceptos nuevos.
  

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Sarrazinos y sarracenos

Ayer leí con estupefacción en el periódico algunas de las declaraciones del señor Thilo Sarrazin, miembro del Consejo del Banco Nacional de Alemania. El señor Sarrazin ha publicado recientemente un libro sobre el futuro (?) de su querido país. En una estrategia de comercialización y de márketing puro del libro, dicho autor hizo unas declaraciones contundentes sobre la realidad (?) de su querido país. Véanse algunos ejemplos:

"No quiero que el país de mis nietos y bisnietos sea un país mayoritariamente musulmán, en el que se hable árabe y turco predominantemente, en el que las mujeres lleven el pañuelo islámico y en el que la vida cotidiana esté marcada por el llamado del muecín"

"Todos los judíos comparten un determinado gen. También los vascos tienen determinados genes que los diferencian de otros".

Pensamientos y opiniones aparte, a mí lo que más me sorprende es que sea precisamente este señor que se apellida Sarrazin. No hay que saber mucho alemán para ver que se trata de la adaptación germana del término "sarraceno", considerado como sinónimo de "mahometano", es decir, "que profesa la religión islámica" por la Real Academia. Está claro que el peor enemigo está en casa.