miércoles, 12 de mayo de 2010

Por qué las mujeres aman los zapatos



Ante la dificultad masculina por entender por qué a las mujeres les chiflan los zapatos y son capaces de gastarse una fortuna en una pieza que probablemente pase más tiempo dentro del armario que no en los pies, Holly ha llegado a las siguientes conclusiones sobre el amor hacia los zapatos:
Justificar a ambos lados
1. Los zapatos son más faciles de probar, basta con descalzarse, ponerse los que se quieren comprar (a veces con uno solo basta) y desfilar un poco por la tienda. No hace falta quitarse la ropa, que en invierno da muchísima pereza...

2. Los zapatos tienen talla, pero ésta no tiene que ver con el ancho del cuerpo femenino. Si el zapato es demasiado pequeño o demasiado grande, la mujer no se deprime. Es importante tener en cuenta que no existen ni XS ni S ni M ni todos esos rollos que la publicidad nos ha metido en la cabeza.

3. Los zapatos de tacón estilizan el cuerpo de la mujer, lo que supone verse más alta y más delgada, aunque las medidas no sean precisamente de top model, de modo que sea como sea, la futura compradora se verá favocerida.

4. Hay zapatos de marca igualmente, o sea, que se puede ser pija solamente con zapatos.

5. La mujer siempre sale satisfecha después de comprar zapatos. Eso implica que no habrá depresión post-compras-en-Zara, es decir, en tiendas con tallajes para niñas o para anoréxicas, sino que la mujer se sentira feliz y realizada y no tendrá la necesidad de recurrir a la nevera a hartarse de helado porque se siente fea, ni a la nutella, ni al cola-cao ni otros productos grasientos que compensan un estado de ánimo bajo.

6. Los hombres -aunque sea indirectamente- también aprecian los zapatos en la mujer. Puede que piensen que su amiga, novia o compañera no haya elegido bien la ropa hoy, pues el jersey le va muy apretado o los pantalones no le dejan un culo bonito. En cambio, los zapatos siempre favorecen. Solamente en el color puede que el hombre tenga quejas... Pero ahí juego el buen gusto de cada uno.

Por todos eso motivos y otros que ahora no cree adecuado mencionar, Holly se ha comprado unos zapatos bien altos que le van como un guante y con los que se siente segura cuando sale a la calle. Quizás escribe para limpiar su conciencia después de pagarlos...

viernes, 7 de mayo de 2010

La felicidad en un gesto


Vivimos en un mundo difícil. Desde pequeñitos nos insisten en que debemos considerarnos afortunados. Afortunados por haber nacido donde hemos nacido, por tener acceso a la educación y no tener que trabajar para ayudar en casa, por vivir en la sociedad de la información, una sociedad virtual que se esfuerza por borrar fronteras -virtuales-. ¡Cuántas veces habremos oído de nuestros mayores lo difícil que fue vivir antaño!

De acuerdo, sintámonos afortunados. Sin embargo, últimamente me da por fijarme más en la gente que me rodea. Siempre he sido una persona curiosa, de las que se emboban en cualquier medio de transporte, en un banco en la calle, mirando la gente que sube y baja, que va y viene. Pero ahora analizo más. Y mucho a mi pesar me he dado cuenta de que la gente feliz puede contarse con los dedos de las manos, siendo generosos, añadiendo los de los pies. En cualquier caso, un porcentaje demasiado bajo.

Mucho hemos oído, leído e incluso hablado sobre la felicidad. Lo que muchos buscan y pocos alcanzan, de lo que muchos predigan y pocos conocen. Quizás aquellos que más se esfuerzan en buscar la felicidad son los más infelices. ¿Puede ser alguien realmente tan inocente de pensar que un gran coche, una casa con jardín -de propiedad, por burbuja inmobiliaria que no quede-, un perro que le traiga el periódico los domingos, dos niños ejemplares y una mujer -u hombre- modelo, es un sinónimo perfecto de felicidad?

La felicidad no se encuentra en grandes cosas, a veces basta un gesto. En un mundo virtualizado, internacional, multitudinario, material, ¿qué ha sido del gesto, a dónde fue? Quizás otras culturas trabajen más duro, quizás antes no se viajaba tanto, pero el gesto no se perdió, perdura. Busquemos ese gesto -humano- y vivamos, más y más felices.

Sobre Holly Hübsch



Hace tiempo ya que Holly Hübsch barajaba la idea de tener su propio blog. Ya sea por pereza, ya sea por falta de tiempo, hasta hoy no se decidió. Holly es abierta, vital, sin prejuicios y con ganas de aprender. Le gusta escribir, no le importa el tema. No tiene edad, pues qué más da. Se siente joven y fresca. Es deportista, es intelectual, es inocente y sencilla. A veces es compleja. A veces tiene miedo y se siente perdida, otras está muy cansada y se siente sola. Le gusta su vida, su trabajo, sus amigos. Se preocupa por ellos, por su familia, por si misma, por el mundo. Algún día le gustaría cambiar algo. Es idealista y cree de verdad que cada granito de arena cuenta. Le encanta viajar y conocer gente, intercambiar impresiones, experiencias.

Holly es una mujer moderna, virtual pero real. No tiene temas fijos, le gusta escribir y con eso le basta. Le interesa la política, la cultura, la música, la política, los viajes, la moda, la literatura. Le encanta la vida, se muere por vivir. A veces es contradictoria, como cualquier otra mujer. Holly sabe que, aunque a veces se sienta incomprendida, hay muchas personas como ella, que luchan a diario. Porque vivir es muy bello, pero no es fácil.